martes, 11 de junio de 2013

Plaza de Bolívar y el centro histórico de Bogotá

A la Plaza de Bolívar se la puede tildar de centro neurálgico de la ciudad, y en una ciudad tan grande como Bogotá esa denominación tiene mucho peso. Por eso creo que un lugar tan representativo para una ciudad se merece una entrada en este blog, una entrada que estará marcada por las sensaciones que han acompañado a los momentos allí vividos, en pleno centro de Bogotá.

Esta entrada mezcla lo histórico con lo emocional, nace impulsada por las diferentes sensaciones que he sentido al visitar la Plaza de Bolívar y el centro histórico de Bogotá, cuando vivía en Bogotá y ahora, después de doce años fuera del país.

Plaza de Bolívar, Bogotá.
Las sensaciones al llegar a esa plaza, a ese lugar que con el transcurso de los años acumula tanta historia, son tan dispares, tan contradictorias dependiendo de la época de mi vida en las que he pasado por allí que resulta una tarea complicada la que me propongo.

Entre las primeras sensaciones que recuerdo, la más significativa es, sin lugar a dudas, la espectacularidad que suponía el pasar por allí cuando era pequeña. Recuerdo que ante la propuesta de algún adulto de ir al centro lo normal era encontrar un no por respuesta. Pero en mi caso suponía una gran ilusión tener la oportunidad de pasear por esas calles, así que no dudaba en aceptar lo que para mi era un paseo al centro.

Pero claro, el decir que no tenía su origen en lo agotador que podía suponer el caminar por las calles llenas de vendedores, en casetas como en San Victorino, o en puestos que invadían los andenes casi al 100%. Hoy en día ya desmantelaron San Victorino, la plaza que ocupaban todas esas casetas ahora es un espacio abierto en el que se puede caminar y aunque quedan vendedores en los andenes, son infinitamente muchos menos que los de aquellas épocas.

Después, siendo un poco más grande, lo que recuerdo es esa sensación que produce visitar un lugar histórico del que has aprendido mucho en el colegio; además de la Plaza en general, me refiero a la Casa del Florero o Museo del 20 de julio (en la foto es la casa que está en el centro de la imagen, al lado de la Catedral), allí empezó el movimiento independentista el 20 de julio del año 1810, que tendría su victoria final el 7 de agosto de 1819 con la Batalla de Boyacá.

En aquel entonces y hoy en día, creo, es una visita obligada con el colegio. Otro paseo genial.

Ya siendo adulta, hubo una época de mi vida en la que tenía que ir todos los días al centro pues mi trabajo estaba allí, en la Universidad Externado de Colombia. Cuando uno vive en Bogotá, si no es necesario ir, lo más normal es evitar el centro; y fue una época en la que no disfrutaba de lo bonito del centro histórico, ya había pasado esa magia que aportaba la niñez para disfrutar de los paseos al centro, seguramente la magia había desaparecido por causa de la obligatoriedad de cumplir con el deber del trabajo. En esa época, cuando terminaba mi jornada laboral inmediatamente me iba de allí. Y siendo sincera, otra de las causas que no motivaba el quedarse a pasear por las calles era la inseguridad de aquellos años, cosa que hoy en día ha cambiado mucho afortunadamente.

Pero un día todo cambió, conocí en el trabajo a un grupo de españoles que habían ido de intercambio a Bogotá, a la universidad en la que yo trabajaba, y ellos, en especial uno de ellos, me enseño a disfrutar nuevamente de ese centro histórico que tenía olvidado. Volví, ahora de la mano de esa persona que desde ese entonces es una parte importante en mi vida, a darle el valor que se merece a un lugar que es tan significativo para Bogotá, para los bogotanos.

Hoy por hoy, y después de doce años fuera de mi Colombia del alma, la Plaza de Bolívar y el centro histórico de Bogotá son una visita ineludible. Las sensación de admiración por lo bonito del lugar, por toda la vida que por allí transcurre, por lo emblemático de sus construcciones, por los rincones llenos de historia... es mayor en cada visita, en cada momento vivido.

Imagino que esa sensación de admiración tiene su fundamento en el hecho de vivir fuera de Colombia, pero digo con sinceridad que aunque la Plaza de Bolívar sigue igual, con las construcciones que la forman, el centro histórico ha mejorado con el paso de los años; falta mucho por hacer, sin lugar a dudas, pero actualmente es un lugar más "amable" para sus visitantes, por todas las sensaciones que puede llegar a producir.





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